Nuestra historia
Por qué existe Ocarya
Ocarya empieza con una pregunta simple: cuidamos la piel todos los días y los dientes dos veces al día, pero a los ojos solo les prestamos atención cuando ya molestan.
Nos pasaba a nosotros. Jornadas de diez horas delante de una pantalla, aire acondicionado en verano, calefacción en invierno. Buscamos algo sencillo para cerrar el día y encontramos dos extremos: aparatos llenos de botones que nadie usa, o remedios caseros a medias.
Así que hicimos el nuestro. Un depósito, calor suave y un contorno que se apoya solo. Sin pantallas, sin menús, sin funciones para rellenar una caja. Todo lo que sobraba, fuera.
Seguimos siendo un equipo pequeño y cada decisión de diseño pasa por la misma pregunta: ¿hace esto que el gesto sea más fácil de repetir mañana?